Era un Madrid encendido, por la gente, por las alegrias y las derrotas. Nosotros como siempre ajenos al mundo, atravesando mareas de personas nos dedicamos a lo que mejor sabemos; a nosotros mismos. Distinta felicidad, alegria potencial, carreteras extranjeras... Recorriendo nuevas rutas, perdidos en el corazon de la ciudad, donde cada latino correspondia a millones de gritos eufóricos. Semáforos por ojos que nos observaban amarnos
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