Te quiero, te odio y te quiero.
Tengo cinco años, mi madre me acompaña risueña a un cumpleaños. Yo llevo mi vestido favorito. Ese de flores que nunca me deja ponerme, pero hoy, la he convencido. Suelto su mano y trotando como nunca, me alejo para darme la vuelta y dedicarle mi mejor sonrisa, porque hoy, está más guapa que nunca.
Cuando éramos felices con un mísero caramelo.
Tengo trece años, Sara no me habla, ¿Qué culpa tengo yo de que él no la quiera? Pero esto no está bien, es mi mejor amiga y tengo que solucionarlo, porque ella siempre me ha apoyado. Cojo el teléfono, marco su número (que me se ya se memoria) y cuando oigo que contestan al otro lado se lo suelto todo… para que minutos después su hermano me diga que no está en casa.
Cuando nos creíamos el centro del mundo y todo era tan inmenso.
Tengo diecisiete años, presiono fuerte el cuerpo de mi hermana contra el mío, sus lágrimas no cesan, las mías la acompañan. Pero es que mi abuela ha sido muy importante siempre, y nosotras no estamos preparadas para dejarla marchar. Un último adiós que no queremos dar.
Cuando por fin nos fuerzan a crecer

